Chica del ascensor (Robert Frank, 1955)

Robert Frank 04

Una de las imágenes más famosas del fotógrafo Robert Frank despertó un interés particular de su amigo, el escritor beat Jack Kerouac. En su introducción al libro de fotografías de Frank “Los Americanos” (The Americans), Kerouac escribió: “Esa chica solitaria del ascensor mirando hacia arriba, suspirando en un ascensor lleno de demonios borrosos, ¿Cuál es su nombre y dirección?”

Ahora lo sabemos.
Hoy, Sharon Collins vive en San Francisco. Hace unos 10 años visitó el San Francisco Museum of Modern Art y se sintió atraída por una foto en particular – la misma foto sobre la que Jack Kerouac escribió: “Me paré en frente de esta fotografía en particular, probablemente por un total de cinco minutos, sin saber por qué me estaba fijando en ella”, dice. “Y entonces realmente me di cuenta de que la chica de la foto era yo.”

La emblemática foto muestra a una joven, pulsando el botón de un ascensor, mirando hacia arriba con una expresión indescifrable. En ese momento, su nombre era Sharon Goldstein, viviendo en Miami Beach.

A los quince años, ella consiguió un trabajo de verano como chica del ascensor en el Hotel Sherry Frontenac. Ella dice que el hotel estaba siempre lleno de turistas, y muchos de ellos tenían cámaras. Aunque desea recordar ese turista en particular, no lo consigue. Pero ella ha reconstruido lo que pasó mirando la hoja de contactos de Frank.

“Robert Frank hizo unas cuatro fotos mías sin flash en el ascensor. Yo no sabía que las estaba tomando. Después, cuando el ascensor vacío sus ‘demonios borrosos’”, dice ella, “él me pidió que me girase y sonriese a la cámara. Y esbocé una sonrisa, poniendo mis manos en mis caderas.”

Pero a partir de la única imagen que fue elegida para “Los Americanos”, Kerouac adivinó que ella se sentía sola. Collins cree que él tenía razón. “Él vio en mí algo que la mayoría de la gente no ve. Tengo una gran sonrisa y una gran carcajada, y por lo general soy bastante divertida. Así que la gente ve algo en mí. Y sospecho que Robert Frank y Jack Kerouac vieron algo más profundo. Algo que sólo las personas que estaban muy cerca de mí podían ver. No es necesariamente soledad, es… ensoñación.”

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