Biografía, George Rodger

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Robert Capa junto a su amigo Geroge Rodger

EL FOTÓGRAFO QUE CONTABA HISTORIAS

George Rodger nació en Hale, Reino Unido, en 1908. Desde niño fue independiente, silencioso, discreto y aventurero. Educado en colegios privados ingleses, Rodger descubrió muy pronto su afición por viajar. A los 17 años su padre lo sacó de la escuela por su mala conducta y lo mandó a trabajar a una granja.

Aburrido, a los pocos meses se enroló en la Marina Mercante tomando un barco carguero rumbo al Medio Oriente. A partir de entonces no dejó de viajar.

Aunque comenzó a tomar fotografías a los 15 años, su sueño era convertirse en escritor. Toda su vida registró sus andanzas en un diario. Cuando cumplió 21 años, Rodger decidió buscar suerte en los Estados Unidos, pero 1929 no era precisamente un buen año para encontrar empleo, aun así, sobrevivió a la Gran Depresión [1] trabajando en diversas fábricas y granjas. Su proximidad a la fotografía no era más que documental: no le interesaba la fotografía por sí misma, sino como un medio mecánico para expresar lo que sentía y veía.

En 1935 regresa a Inglaterra derrotado moralmente y sin dinero. Casualmente leyó un anuncio en el Daily Telegraph de la BBC que le cambiaría la vida: requerían un fotógrafo. Con una carpeta en la que presentaba 6 fotos, Rodger obtuvo el trabajo.

Recibió la formación en clases de una ayudante, que contrató para la realización de la toma fotográfica, licenciado en la Escuela de Fotografía de Bloomsbury. Rodger se jactaba de no haber recibido educación fotográfica alguna: según él “no puede enseñarse algo que, en realidad, debe estar dentro de uno mismo”. Su trabajo consistía en retratar a todo personaje importante que hablaba en la BBC para su publicación en The Listener. [2]

Portrai

Así comenzó una nueva etapa de aventuras y anécdotas, pero también de dolorosas tragedias personales que fueron moldeando su carácter y su obra. Rodger trabajó dos años para la BBC, los cuales le permitieron afianzar sus conocimientos técnicos para después renunciar y buscar una agencia de prensa que lo representara. Para entonces tenía muy claro que quería ser fotorreportero. Fue entonces, hacia 1937, cuando la fotografía empezó a parecerle interesante, fue también cuando cambió la aparatosa cámara de estudio por la versátil Leica y una Rolleiflex para entrar de lleno en su profesión. Comenzó a publicar en numerosas revistas y desde un principio escribió los textos que acompañaban sus imágenes. Rodger fue un fotógrafo que contaba historias.

Un año después se integró como colaborador en la recién nacida agencia Black Star [3], aunque su trabajo era esencialmente el mismo: retratar fiestas sociales y campañas caritativas de la alta sociedad. Su salto cualitativo no se haría esperar; ese mismo año, y en el seno de la agencia, realizó una fotografía del Támesis que se publicó en Life, publicación en la que empezó a trabajar de manera estable a partir de 1939. En 1940 cuando los alemanes bombardearon Londres, la revista Life lo invitó a colaborar con ellos. Fue el inicio de una brillante carrera como fotoperiodista. Los primeros encargos de la revista estuvieron relacionados básicamente con actividades bélicas: fotografías el Blitz de Londres, la ofensiva aérea alemana, las bases submarinas en Escocia, un recorrido por el canal de la Mancha, los bombardeos de la RAF, el terror y la miseria de la guerra y al final, las pilas de cadáveres abandonadas por los nazis en la desbandada.

A Rodger le cabe el dudoso honor de ser el primer fotógrafo británico que penetra en el campo de Bergen-Belsen (1945) tras la huida de los alemanes. “Los niños pequeños apoyan la cabeza sobre los fétidos cadáveres de sus madres. Ni siquiera tienen fuerzas para llorar“, escribe en su cuaderno de notas.

Su primera tarea en el exterior fue con los Franceses Libres: un viaje largo y arriesgado que culminó en China dos años más tarde a lo largo del cual retrató la situación de cerca de cincuenta países.

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Bergen-Belsen

Esa serie de fotografías que han dado la vuelta al mundo, son de las más inquietantes en la historia de la fotografía. Se entiende que esta experiencia desoladora haya marcado a Rodger por el resto de su vida, al grado de rehusarse a ver sus propias imágenes durante los siguientes 45 años.

“Uno no piensa entonces en los efectos que tales cosas pueden causar en sí mismo, pero gradualmente se producen y la culminación llegó en el campo de concentración de Belsen. No había sabido hasta entonces el efecto que la guerra me había provocado. No era tanto lo que estaba fotografiando, como lo que me ocurría en ese proceso. Cuando descubrí que podía contemplar el horror de Belsen –los cuatro mil muertos y hambrientos que yacían a mi alrededor- y pensar tan sólo en una buena composición fotográfica, supe que algo me había sucedido y que tenía que detenerme”.

A partir de ese año y dado el éxito de sus reportajes, Life lo envió como corresponsal a África durante dos semanas que se convirtieron en dos años. Es ahí recoge las primeras imágenes fotográficas de los Nuba de Kordofan en el año de 1949. (África, por esas latitudes, a principios de siglo era prácticamente inexplorable por varios motivos: no existían vehículos con capacidad para desplazarse por esos terrenos, ni combustible para repostar y en segundo lugar, estaba el problema de la Malaria, enfermedad transmitida por el mosquito Anofeles, que hacía prácticamente imposible llegar vivo a las montañas Nuba).

Este reportaje tuvo una rápida distribución gracias al trabajo de la recién nacida agencia Magnum, de la que fue miembro fundador junto a Robert Capa, Cartier-Bresson y David Seymour. Ya en ella, formó parte del equipo que realizó una de las series más prestigiosas de la Magnum, “La gente es la gente”, un proyecto que incluía “La familia de Egipto”, “La familia de Sudán” y “La familia de la India”. A partir de este trabajo, el nombre de Rodger también apareció en las páginas de National Geographic, con reportajes como “Sahara” o “Los elefantes tienen paso preferente”. En 1977 recibió una beca del Arts Council de Gran Bretaña que le permitió volver a tierras africanas durante un año para fotografiar sobre todo Kenya y Nairobi.

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De esta manera, Rodger pudo aprovechar su vasta experiencia como superviviente de la Gran Depresión y comenzó a realizar sus mejores trabajos. Poco a poco fue conociendo a varios de los grandes fotorreporteros de la época y se fue haciendo muy amigos de ellos, entre los que se encontraban Robert Capa, Hans Wild y Bill Vandivert.

Su trabajo permite al observador acercarse a las situaciones más polémicas de los conflictos del siglo XX, aunque, en sus propias palabras: “…no creo haber aportado mucho más que una honesta contribución sobre gente y sitios a través de cuarenta años. Me he satisfecho a mí mismo, lo que vuelve a sonar a jactancia, pero no sé si he contribuido algo al desarrollo de la fotografía como arte”

George Rodger murió en Smarden (Kent) en 1995, habiéndonos dejado un legado de fotografías de valor incalculable para la historia del siglo XX.


[1] La Gran depresión, también conocida como crisis del veintinueve, fue una crisis económica mundial que se prolongó durante la década de 1930, en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial.

[2] The Listener, revista londinense con presencia desde el año 1929 hasta 1991.

[3] Agencia Internacional de Noticias Black Star, creada en Estados Unidos en 1935.

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