Leica, 100 años después

Leica_Ur_1914

UR Leica, 1914

Leica [1], la marca más admirada por los reporteros durante décadas, cumple 100 años desde que inventó su primera cámara portátil. Actualmente, rediseñada con estilo vintages un auténtico fetiche del glamour.

A principios el siglo XX, la demanda de imágenes en todas las publicaciones del mundo era imparable. Todos querían ver lo que ocurría en cualquier parte del planeta mediante reproducciones en imagen real y no por una ilustración. Por aquel entonces, las cámaras de fotos eran pesadas y muy aparatosas, la calidad de las imágenes no era suficiente, lo que hacía el trabajo del fotógrafo muy difícil. Por no hablar de los sistemas de procesado y reproducción.

En 1905, a los 26 años, el ingeniero Barnack Oskar, un trabajador de la Leitz dedicado a la microscopia, en Wetzlar (Alemania), debido a su asma, tuvo la idea de reducir el tamaño y peso de las cámaras para poder hacer fotos en cualquier parte sin tener que cargar con una cámara enorme y no sufrir sus crisis asmáticas debido al esfuerzo. Así mismo, la idea incluía reducir el formato del negativo desarrollado por Kodak a fines del siglo XIX que hasta el momento se usaba solamente para filmar. Diez años después, convirtió el boceto en realidad, y creó la Ur-Leica, que supuso el nacimiento de la primera cámara compacta de 35 mm. Desde ese momento, la forma de mirar el mundo cambió.

La UR Leica es la primera cámara de éxito masivo, convertida hoy en un objeto de colección y en el fetiche soñado de muchos fotógrafos. La realidad es que esta cámara ha retratado algunos de los momentos más trascendentales de la historia, ha pasado por las manos de fotógrafos de la talla de Cartier-BressonRobert Capa o Sebastiao Salgado, y se ha erigido como un icono en la búsqueda de la perfección técnica.

Esa filosofía podía resumirse en uno de los principios de Barnack: ‘negativo pequeño, gran fotografía’ [2]. Lo cierto es que las fotografías tomadas en 1914 fueron de una calidad excepcional para la época, si bien, su producción en serie no llegó hasta una década después, debido al retraso que ocasionó la Primera Guerra Mundial. En 1923 comenzó el montaje de 25 prototipos de la llamada Null-Serie en versión de prueba. Dos años después, se presentó en la feria de Leipzig.

El nacimiento de un hito

Hasta entonces, los fotógrafos debían usar cámaras pesadas y placas de vidrio de difícil manejo, cuyas dimensiones eran tan grandes como las de los positivos. Barnack logró reducir el tamaño de las placas y hacer una cámara tan ligera que llegó a llamarla Liliput, según quedó registrado en un archivo de la compañía. El modelo original compone el tesoro más valioso de las posesiones de Leica Camera AG, guardado junto con los negativos y las copias de las primeras exposiciones capturadas con la Ur-Leica, entre las que figuran imágenes del viaje que Ernst Leitz II, propietario de la fábrica, hizo a EE. UU. en el verano de 1914.

Leica supuso para la fotografía lo que Apple en el de los computadores personales: libertad para crear. Y “los fotógrafos de la época se apresuraron a hacer uso del nuevo método portátil, simple y rápido de la fotografía para la creación de obras maestras de la imaginería artística y apasionantes reportajes”, reseña la compañía.

Si en 1925 se vendieron 1.000 cámaras, siete años más tarde se estaban produciendo 90.000, y para 1961 el número se había multiplicado hasta alcanzar el millón. La popularidad de la proporción Leica fue tan grande, que obligó al resto de los fabricantes a modificar el tamaño de los negativos, y llegó incluso a someter al propio Cartier-Bresson, quien la empleó durante toda su vida, fiel no solo a la marca, sino a una forma de capturar ‘el instante decisivo’.

Pero la fotografía artística no fue la única en beneficiarse: con la llegada del “milagro en miniatura”, el fotoperiodismo logró acercarse más al mundo que lo rodeaba sin la necesidad de un posado ni de disimular la presencia de la herramienta.

“La reacción a la posibilidad de lograr una ‘nueva visión’ era muy entusiasta, y la Leica se convirtió en una compañera indispensable, como una ‘parte integrante del ojo’ o una ‘extensión de la mano’ ”, afirma la empresa, que agrega además que esta cámara “creó el instrumento perfecto para extender una visión única y sus posibilidades ilimitadas”.

Un siglo después, la casa alemana continúa innovando, como con la Leica M 240 (RED), creada por los diseñadores de Apple Jonathan Ive y Marc Newson, aunque respetando su imagen ‘retro’.


[1]El nombre asignado a las cámaras Leica proviene de la abreviación del fundador Ernst Leitz: Leitz Cámara.

[2] Kleinen Negative, große Bilder.

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