Una foto del asiento trasero (Scot Sothern, 1986)

Scot Sothern es un fotógrafo con base en Los Ángeles y es gran fan de las prostitutas. Ha interactuado con ellas y las ha fotografiado desde 1960. Ha logrando exhibir sus imágenes en galerías de Estados Unidos, Canadá y Europa. Las fotos de Scot provocan una reacción visceral entre el público y genera muchas preguntas. Presentamos una imagen del archivo de Scot junto a su explicación sobre lo que estaba pasando en el momento en el que la tomó. Bienvenidos.

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Es una noche oscura de 1986 y me encuentro solo pensando en lo chingón que soy. Estoy en el sur de Los Ángeles, en el área de Long Beach, cómodamente pacheco y escucho algo de punk. Unas horas antes me pagaron por un trabajo de dos semanas como asistente de foto y ahora mi cartera está llena de billetes de 20 dólares. Tomo la Avenida Pine con dirección a Pacific Coast y doy vuelta a la izquierda en la carretera, manejando despacio mientras busco un poco de acción. A mi lado izquierdo, junto a un poste de luz, un ángel desaliñado me lanza una mirada lasciva. Doy la vuelta y me estaciono frente a ella. Se acerca hacia a mí, con la cara bajo el efecto de alguna droga y me pregunta si estoy buscando a alguna cita.

“Sí, la estoy buscando. Súbete”.

Ella está temblorosa y un poco asustada. Bajo la ventanilla del mi puerta, enciendo un cigarro y la miro de arriba a abajo. Ha sido golpeada y maltratada, pero no es nada nuevo. “Por favor, sé bueno conmigo”, dice. “No me lastimes, ¿ok? Seré buena si tú eres bueno”.

Tenía una erección cuando me estacioné frente a ella y ahora se fue. No pasaré un buen rato con ella, sólo será otra historia triste más. “No te lastimaré, no hago eso. ¿Tienes un lugar al que podamos ir? Sólo quiero tomarte una foto”.

“No tengo ningún lugar. Necesito dinero para una habitación”.

Me detengo en el estacionamiento de un taller mecánico fuera de servicio y saco uno de 20 de mi cartera. “20 dólares”, le digo. “Podemos hacerlo aquí”.

Toma el billete con una mano y provocativamente pone la otra sobre mi pierna. “Por 30 dólares podemos conseguir una habitación y te la puedo chupar”.

“No sé, sólo quiero tomar algunas fotos”.

Me mira sin entender lo que quiero. “¿Te masturbas? ¿Tomas fotos y después vas a tu casa a masturbarte mientras las ves?”

“A veces sí, pero normalmente no lo admito. Pásate al asiento trasero. Sólo tomaré un par de fotos aquí en el coche. ¿Cómo te llamas?”

“Cheri. Vamos a conseguir una habitación. No tengo dónde quedarme. Podrás tomar fotos, algunas sucias y ser mi papi y hacerme lo que quieras. Vamos a conseguir un cuarto, ¿está bien?”

Está drogada, eso no es agradable y sus mejillas tiemblan. “Lo primero que haremos será tomar algunas fotos y para eso te necesito en el asiento trasero”.

Se abre paso dentro del coche hasta llegar al asiento trasero. Prendo la pequeña luz del auto y saco mi cámara. Se quita la blusa y yo enciendo mi flash.

Acerco la Nikon a mi ojo. Ella da un brinco de repente, presiona su espalda contra el respaldo y comienza a patearme. “¡Es un arma!”, grita. “No me dispares. Mira, mira mis tetas. ¿Quieres sentirlas? Aquí, ten, siente mis tetas”. Jadea en busca de aire.

“Es sólo una cámara, mira, sólo es una cámara”.

Cubre su rostro con las manos y me pide que no la lastime. Yo apunto, enfoco, flasheo y tomo la foto. “Ya está”, le digo. “La tengo, ¿está bien? Nadie va a lastimarte. Ya hice lo que quería hacer”.

Lentamente retira sus manos y descubre su cara. “¿Tomaste la foto?”

“Sí, ya tomé la foto y ahora te llevaré a un motel”.

“Vamos a una habitación, ahí podrás masturbarte y yo posaré para ti”.

Mis dedos tiemblan y me cuello está tenso. “Gracias, pero creo que ya fue suficiente por hoy. Te conseguiré una habitación y pagaré por ella”.

“¿Por qué haces eso?”

“Dentro de algunos días mi dinero habrá desaparecido. Bien podría deshacerme de él desde ahora”.

Manejo hacia un motel que está junto a la carretera, ahí una mujer sale de la ventana. Usa una gran sudadera con una imagen de Snoopy. Le pago 20 dólares por la habitación y me da una llave, apaga la luz y vuelve al lugar de donde salió.

De vuelta en el Camaro le entrego a Cheri la llave de la habitación. “La hora de salida es a mediodía. No dejes que te vean trabajando en la habitación o te van a echar”.

Me mira durante un momento, después sale del auto y antes de cerrar la puerta, vuelve a mirarme un poco más. Estoy esperando a que me dé las gracias pero no lo hace. Me llama “hijo de puta” y después azota la puerta.


Crónica encontrada en Vice.

 

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