Letizia Battaglia, la fotógrafa de la mafia

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“Vivo a través de mi cámara fotográfica. Es un trozo de mi corazón, una extensión de mi intuición y mi sensibilidad”.

Letizia Battaglia, (feminista, ecologista, defensora de los derechos humanos) nace en 1935 en la capital siciliana (Palermo) en el seno de una familia acomodada, vivió en varias ciudades italianas como Trieste o Nápoles ya que su padre era militar de la Marina.

Letizia regresó a su ciudad natal con 10 años tras acabar la Segunda Guerra Mundial. Interrumpió la escuela a los dieciséis para casarse con Franco Zecchin de veintitrés años con quien pronto tuvo tres hijas. Sin embargo, Letizia se sentía atada en aquella vida.

Estudió periodismo y en 1969 empezó a escribir para el diario L’Ora [1] y dos años más tarde se separó de su marido y se marchó a Milán, entonces centro activo de política radical y vida cultural. Desde allí continuaba escribiendo para el diario palermitano como freelance. Pronto se dio cuenta que vendía mejor sus artículos si éstos iban acompañados de fotografías.

Gradualmente, va descubriendo que prefiere el fotoperiodismo, un género que le proporcionaba una mayor libertad expresiva.

En 1974 dejó la máquina de escribir y se entregó a la cámara. Cuando le ofrecieron la posibilidad de regresar a Palermo como jefa de fotografía en L’Ora no se lo pensó dos veces. Alquiló un apartamento en el centro de Palermo para estar cerca de la acción. Como si se tratase de una corresponsal de guerra, trabajó en la primera línea del frente durante uno de los períodos más trágicos de la historia contemporánea italiana, los llamados ‘anni di piombo’ (años de plomo), cuando los extremismos opuestos de la extrema izquierda y la mafia cometieron más de 140 atentados en el país y la violencia era una constante que parecía eterna. Fue la época de acción del feroz clan de los Corleone de Totó Riina (asesinó con sus propias manos más de cuarenta personas y responsable de ordenar la muerte de 110 más), de los crímenes masivos de familias enteras de mafiosos y policías y de la muerte en sendos atentados con bombas de dos de los amigos más cercanos de Letizia Battaglia: los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Bersellino. “Sometidos y humillados por esta tragedia”.

La relación de la fotógrafa con su tierra natal no deja espacio para la duda: la mirada de Bataglia que ama a Sicilia —los intensos retratos de niños y mujeres desamparados lo demuestran— y la que odia a Sicilia no sólo por las carnicerías que ha retratado, sino también por el consentimiento y el silencio. “Durante años me he dedicado a fotografiar cadáveres. Nos sentimos humillados como pueblo, sometidos y humillados por esta tragedia“, declara la reportera, que en 1985 ganó el Premio W. Eugene Smith  de Fotografía Humanista y en 2007 el Erich Salomon-Preis, el más prestigioso que se concede en Alemania.

Durante años”, añade, sentía “mucho miedo” al salir de casa cada día para hacer su trabajo. El capo Bagarella había puesto precio a su cabeza por hacer una fotografía de una prostituta y dos clientes asesinados por no acatar las órdenes de la mafia. “Pasó un tiempo, varios años, antes de que empezaran a verme como algo distinto a un policía con una cámara. Se dieron cuenta de que no hacía sólo fotos de los muertos, de que regresaba para retratar a los vivos y las condiciones de pobreza en las que vivían los habitantes de Palermo. La gente empezó a llamarme. ‘Ven a hacer unas fotos del tejado de mi casa. Necesito que lo arreglen’, me decían

Durante esos años de violencia, Letizia Battaglia llegó a cubrir cuatro o cinco homicidios en un solo día entre las décadas de los setenta y los noventa. Así como algunas de las imágenes muestran el reinado violento de la mafia siciliana también muestra la mirada compasiva hacia las víctimas de una reportera que nunca ha abdicado del blanco y negro ni de la convicción de cumplir un deber cívico con su trabajo.

En total, acumuló 600.000 imágenes organizadas temáticamente en su archivo, muchas de las cuales sólo existen en negativo y pruebas de contacto. El horror del contenido —matanzas por guerras entre facciones o venganzas personales, el dolor y la rabia de los que sobreviven, la anormal normalidad de la vida diaria en Sicilia en los peores años de la violencia mafiosa— es el resultado de una constancia casi sobrehumana. “De pronto me di cuenta de que tenía un archivo de sangre“, declaró en una entrevista publicada en 2000. La obra de esta reportera reverenciada, admirada, temida, amenazada de muerte, golpeada pero nunca vencida. Junto a estos reportajes sobre la mafia, también retrató la vida cotidiana de Palermo. Las numerosas fotografías de procesiones religiosas transmiten el sentido trágico de la vida de Sicilia, donde la muerte siempre está presente. El día de difuntos en la isla tiene la misma importancia que Navidad en otros países de Europa.

En 1985 entró en política, elegida en las urnas representante en el ayuntamiento de Palermo del pequeño partido de los verdes. Poco después, junto a Leoluca Orlando, un democristiano “progresista y generoso”, los comunistas, católicos y ecologistas fundaron “la Rete”, un movimiento sin programa a largo plazo pero específicamente antimafioso.

De 1985 a 1991, “la Rete” estuvo al frente del gobierno local de Palermo, una experiencia política conocida como “la primavera palermitana”. Letizia ejerció de asesora de habitabilidad urbana con el objetivo de recuperar barrios totalmente degradados (en Palermo, por ejemplo el agua corriente llegaba a las casas en días alternos). Letizia también formó parte de la candidatura de Orlando en 1993. “La Rete” obtuvo entonces el 75% de los sufragios.

Siguió en política con diversos cargos en la Asamblea Regional Siciliana aunque vinculada al ayuntamiento. Dejó el consejo comunal en 1997 para encargarse de un programa de ayuda a los presos.

Es, además, fundadora de la editorial “Edizioni della Battaglia” [2] y colabora con diversos medios como “Mezzocielo” [3], una revista pensada y realizada por mujeres.

En todos estos ámbitos, Letizia Battaglia ha demostrado que es una luchadora nata por la justicia.

En 2009 ganó el premio Cornell Capa.


[1] L’Ora (El Ahora) era un diario palermitano nacido a principios del siglo XX por iniciativa de la familia Florio. Desde su fundación era de orientación progresista, además de los soportes del período fascista, durante el cual se convirtió en un órgano de la federación fascista palermitana.

[2] Edizioni della Battaglia (Ediciones de la Batalla) es una editorial fundada en 1992 en Palermo por Letizia Battaglia.

[3] Mezzocielo es una revista bimestral de política, cultura y medio ambiente diseñado por mujeres, publicado por la Asociación Mezzocielo Palermo.

Entrevista

¿Cómo se fotografía la mafia?

Con desprecio y mucha ira.

¿Llegó a habituarse a la macabra normalidad de fotografiar la muerte?

Nunca antes. Incluso hoy en día, cuando miro mis fotografías, me produce náuseas y malestar de lo que viví en esos tiempos. Fue el hambre, traer comida a casa, lo que me empujó a decantarme por la fotografía, una de mis aficiones.

¿Qué significa Palermo para usted?

Mi tierra, mi infancia, mis sueños destruidos, el lugar donde nacieron mis hijas, la ciudad del cielo azul y el mar verde, destruido física y moralmente por muchos años por una clase política corrupta aliada con la mafia.

¿Cuál es la relación entre la política y la mafia, porque esto viene desde la unificación italiana?

Hay un libro fantástico, ‘El retorno del Príncipe’, escrito por un juez que yo quiero mucho, Roberto Scarpinato, en el que escribió que, prácticamente, en Italia, el poder político “siempre sirvió a la delincuencia”. Esto me molesta.

¿Hay alguna esperanza de acabar con la mafia?

No, no lo creo. La mafia en el mundo es muy potente. Podemos decir que detrás de la mafia hay otro poder oculto, también formado por los servicios secretos, políticos corruptos, empresarios, financieros… que no tienen interés en dar apoyo a la justicia y la paz.

¿Cómo se siente al ser la única mujer que se enfrentó a la mafia?

¡Qué tontería! Yo no era la ‘única’ mujer para luchar contra la mafia. Es un halago pero tengo que decir que muchas mujeres han expresado su desacuerdo en las escuelas, las asociaciones feministas, en las calles, en la vida cotidiana, en los periódicos y yo en la fotografía.

Ser madre a los 16 no es fácil, ¿cómo fue compaginar el duro trabajo de criar a sus hijos y fotografiar la muerte?

Empecé a trabajar a los cuarenta años, cuando mis hijas eran ya mayores. No he fotografiado sólo la muerte. También la vida en sus diversas expresiones: el dolor, el amor, la juventud, feminidad, la pobreza y la riqueza.

¿Echará de menos Italia a Berlusconi?

No creo. Siempre quedará el berlusconismo. Gente partidaria que cree en la corrupción y seguirá fiel a un sistema que ha corrompido el país.

¿Cómo ve la Italia actual?

Me da vergüenza hablar de esto. La corrupción es rampante en todos los lados, como un flujo que viene y va y los jueces que hacen su trabajo con honestidad, que investigan y condenan a los políticos, también son importantes, están marginados. En Sicilia, el caso más escandaloso es el del Juez Di Matteo, quien investiga el estado de la mafia y su negociación y, al mismo tiempo está en peligro de muerte. Por el contrario, la empresa pública, por su parte, expresó su solidaridad a los jueces mediante la organización de eventos ante los tribunales. Yo creo en la justicia.

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