Andreas Gursky y sus megaproyectos

 

Portrait: Prof. Andreas Gursky / Kunstakademie Düsseldorf

Por Elena Vozmediano para El Cultural

¿Es Andreas Gursky “el fotógrafo más aburrido del mundo”, como ha dicho Duane Michals? No, con toda seguridad, aunque es cierto que algunas de sus obras “parecen fotos de un informe anual de una empresa cualquiera”, como también ha afirmado el maestro estadounidense. Michals no puede aprobar a Gursky porque a éste no le interesa lo humano más que, lateralmente, como sociología. Nunca ha prestado atención a la experiencia personal e individual; son los escenarios colectivos los que retrata, a través de la óptica de un acentuado formalismo, y sin implicación aparente del artista. Al igual que otros fotógrafos alemanes de su generación, como Thomas Ruff o Thomas Struth (alumnos también de Bernd y Hilla Becher), adopta como asunto los ámbitos y los personajes más normalizados de una sociedad urbana sin grandes penas ni grandes alegrías, a los que pretende observar desde la neutralidad. No se puede calificar el resultado de aburrido, porque posee valores plásticos indudables, pero quien busque en el arte algo más que valores plásticos tampoco podrá decir que es apasionante.

Arranca de 1984, con unas pequeñas fotografías de espacios abiertos y se cierra con las megaproducciones más recientes. Son algo más de quince años de trabajo en los que la trayectoria del artista se muestra como algo mucho menos lineal de lo que cabría esperar. Parece que, en general, Gursky ha perseguido llamar la atención sobre la ordenación geométrica de nuestro hábitat artificial: un orden casi siempre “encontrado” en la realidad y a veces creado o subrayado mediante la manipulación digital. Pero esa “obsesión” se expresa en muy diferentes imágenes: sus fotografías de texturas, por ejemplo la de la moqueta de la Kunsthalle de Dösseldorf o la de la iluminación cenital de la Asamblea General de Brasilia, se acercan a una concepción minimalista o abstracta; otras, como las de supermercados o las Bolsas, son mucho más descriptivas y caen en el abigarramiento, aunque siempre sometidas a una estructura.

Andreas Gursky 01

Sorprenden, por otra parte, sus acercamientos a la naturaleza (glaciares, nubes, alta montaña, cataratas del Niágara), con una estética casi romántica, que no sabemos muy bien cómo encajan en la que parece ser la dirección central de su obra.

Gursky es uno de los artistas que impuso los tamaños no ya grandes sino enormes en la fotografía. No cabe duda de que estos formatos son muy adecuados para sus amplias panorámicas (exteriores o interiores) vistas muchas veces “a vuelo de pájaro” en las que la abundancia de detalle podría justificar la necesidad de grandes superficies. En cierta manera, se comporta como un pintor abstracto que juega con líneas, colores y texturas para crear obras que, por encima de todo, son nada más y nada menos que inteligentes y atractivas composiciones visuales. Cada forma real, sea una retícula arquitectónica, una alineación de coches en un aparcamiento o los brazos de centenares de jóvenes en un concierto, posee, al parecer, para él, la misma categoría como elemento que construye una imagen, sin mucha mayor significación. No obstante, en obras más recientes como Stockholder Meeting (2001), se distancia tanto de obras anteriores como de la realidad con un collage digital (un tanto burdo aquí) que podría indicar nuevos derroteros de su trabajo.

Chicago, Board of Trade II 1999 by Andreas Gursky born 1955

Andreas Gursky 02

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